22º principio (bis): respeta las dudas expresadas por los pacientes sobre sus medicamentos

El bálsamo del tigre*

*pomada a base de ingredientes herbales, de venta en farmacias

Era yo residente y rotaba en pediatría, en uno de los mejores hospitales pediátricos del país.  Salió  el  catedrático  y  jefe  de  servicio  en  traje  y  corbata  a  exponer  el  caso.  Se trataba de una niña china que había sufrido una quemadura corporal muy extensa por un mecanismo de acción que no recuerdo. Tenía importantes lesiones en la piel. Sus padres,  que  no  hablaban  castellano,  acudieron  a  Urgencias.  Nada  más  verla  los profesionales opinaron  que  había  que  ingresarla.  Los  padres  preguntaron  acerca  del tipo de tratamiento que se le iba a aplicar y les dijeron que habría que verlo, pero que sería médico y probablemente quirúrgico.  
Entonces,  los  padres  decidieron  optar  por  pedir  el  alta  voluntaria,  ya  que  preferían tratarla conforme a los preceptos de la medicina china. Como la niña estaba grave, se procedió al ingreso por orden judicial.

Los  padres  insistían  en  que  estaban  en  permanente  contacto  con  médicos  chinos  y que el remedio que había de aplicársele era un producto que se denominaba “bálsamo del tigre”. Los días que siguieron fueron un infierno, con tiras y aflojas entre la familia y los médicos,  mientras  la  niña  permanecía  ingresada.  Las autoridades judiciales se pronunciaron acerca del obligatorio ingreso,  pero  no  acerca  del  tratamiento,  en  una  situación que  dejaba  desprotegidos  a  los  profesionales  frente  a  las insistencias  de  la familia.  Se  consiguió  una  traductora  y  los padres  reiteraron  el  deseo  de  llevársela  a su  país,  petición que  fue  denegada  por  parte  de  las  autoridades  judiciales.  En  el servicio correspondiente se había valorado el caso y se había decidido que se iba a comenzar con un desbridamiento quirúrgico en gran parte de la superficie cutánea, para permitir que la nueva piel que creciera mudara a la muerta y quemada.

Cuando  se  comunicó  la  decisión  al  padre,  éste  expresó  su  clara  intención  de suicidarse,  porque  la  niña,  según  él,  debía  ser  tratada  con  el  bálsamo  para  poder salvarse.

El  jefe  de  servicio,  metiendo  barriga  y  sacando  pecho,  cuando  acabó  de  narrar  los hechos objetivos dictaminó delante de los asistentes: “a mí si no me fuera nada en ello les diría: ahí tienen a la niña, hagan ustedes lo que quieran. Si se quieren ir a China, váyanse, si le quieren dar el bálsamo en vez de nuestro tratamiento, dénselo; mientras que  a  mí  no  me  impliquen.  Pero  en  el  momento  en  que  la  niña  está  bajo  la  tutela judicial la responsabilidad es mía y el que se está jugando el pellejo no es sólo la niña, sino yo también, y se tiene que hacer lo que yo diga.”

Estaba una adjunta joven a su lado que había estado también en el equipo médico del caso.  No  había  dicho  nada  en  toda  la  exposición.  Se  abrió  el  coloquio  y  fue  muy interesante,  ya  que  había  en  la  sala  gente  de  la  medicina  y  de  la  justicia.  Al  final de
todo,  la  adjunta  cogió  el  micro  y  pronunció  unas  palabras  que  todavía  recuerdo, aunque hayan pasado dos o tres años de aquel día: “Yo sé que fue un caso difícil […] pero en aquellos días, hice un esfuerzo por ponerme en la piel (nunca mejor dicho) de los padres […] viviendo en un país diferente, sin entender su idioma  […] viendo a su hija en esas condiciones […] Yo viajé el año pasado a China, por vacaciones, con mi hijo,  que  tiene  cuatro  años  […]  me  imaginaba  qué  es  lo  que  hubiera  pasado  si  le hubiera entrado un dolor abdominal, le hubiéramos llevado a un hospital, nos hubieran dicho  que  tenía  una  apendicitis  y  que  le  iban  a  tratar  con  unos  remedios  naturales chinos  y  yo  les  hubiera  dicho  que  me  quería  ir  a  mi  país,  porque  yo  no  creía  en  ese tratamiento, yo sabía que la cirugía era lo óptimo y me hubieran dicho que por orden judicial estábamos obligados a acatar sus órdenes […] a lo mejor también les hubiera amenazado con suicidarme como el padre de la niña china.”

Moraleja:

El  manejo  de  situaciones  en  las  que  la  voluntad  del  paciente  y  el  criterio  del  médico difieren, en torno a un fármaco, son frecuentes en la consulta.

En vez de dejarnos superar por ellas, debemos verlas como una oportunidad de poder afianzar la relación médico-paciente. Ya no vale con echarle la culpa a la publicidad, a la televisión, a la industria farmacéutica, a la prensa, a la sociedad, a las peluqueras, a las marujas o a las vecinas.

Se  exige  una  actuación  firme,  pero  también  flexible.  En  la  adecuada  combinación  de ambas radica el éxito. Motivar cambios de conducta y cambios de opinión no es nada fácil. Pero ser médico de familia tampoco lo es. Del éxito en esas batallas se deducirá el  éxito  de  nuestra  práctica.  Para  lograr  la  “victoria”  sobre  el  paciente  se  debe  tener prestigio dentro de la comunidad, se debe saber empatizar, se debe haber tenido una relación  médico-paciente  a  lo  largo  de  un  tiempo  mínimo,  se  debe  ser  un  gran comunicador y se debe tener algo de tiempo para conversar en consulta. No se trata de vencer, sino de convencer.

Es habitual que el paciente que se siente “arropado” por su médico no salga a buscar la salud fuera de la relación. Igual que la mujer que se siente satisfecha con su marido no tiene  que  buscar  ninguna  aventura  fuera  del  matrimonio,  y  viceversa.  Dicen  los psicólogos que un método de éxito entre las enfermeras, para que el paciente durante una estancia  hospitalaria  no  moleste  mucho  con  llamadas  innecesarias,  es  decirle  el primer  día:  “Hola,  fulano,  soy  mengana,  su  enfermera.  Mire,  con  este  botón  siempre que nos necesite nos puede llamar. Llame cuando lo necesite, sea la hora que sea.” Si no  se  le  dice  nada,  el  paciente  llamará  mucho  más,  sólo  porque  le  subyuga  la inseguridad de que no haya nadie al otro lado si necesita algo.

Cuando me enfrento a esas situaciones, pienso que yo también tenía mis ideas sobre muchos  aspectos  de  la  Medicina  y  que  cuando  oía  de  algunos  de  mis  compañeros planteamientos diferentes a los míos me sentía receloso de ellos. Andando el tiempo, leyendo,  estudiando,  me  he  dado  cuenta  de  que  tenían  razón  sobre  algunas  cosas. Pero he tardado años en verlo. Y eso que soy médico.

Ser  médico  de  familia  puede  ser  fácil  o  difícil.  Hay  aspectos  del  ejercicio,  como  la prescripción prudente, que parecen poco importantes o que no son “populares”. Pero ésas  son  las  acciones  genuinas  del  médico  de  familia.  Si  no  lo  hace  él,  no  lo  hace nadie.

Roberto Sánchez* para Inicativa por una Prescripción Prudente

________
*Médico de Familia. Madrid

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5 respuestas a 22º principio (bis): respeta las dudas expresadas por los pacientes sobre sus medicamentos

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  3. roberto dijo:

    Me parece maravillosos que el médico sepa escuchar al paciente o a su entorno mas cercano,padres o hijos de pacientes gerontes, ya que de su resultante, no solo puedo mejorar el tratamiento sino la evolucion del sufriente, ya que la medicina nunca debe aplicar la soberbia antes que el sentido común, que en mi esperiencia como médico Flebólogo, falta muy a menudo.

  4. Pingback: Iniciativa por una prescripción prudente « e-PANORAMIX

  5. José Manuel Romero dijo:

    Todo correcto y muy protocolario, ético y empático, pero… ¿alguien podría decirme qué utilidad terapéutica confirmada por la medicina china tiene el bálsamo de tigre (en el artículo aparece una imagen… ¡ohh…!) en este caso?

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